Silla tántrica

Notificación de WhatsApp. Han enviado una “foto” al grupo que tengo con mis pinkys de secundaria promo 2008 presente; así que la abro sin demora y encuentro un meme que me obliga a reírme en mayúsculas. La frase: Nunca olvides de dónde vienes. La imagen: unos mellizos, posando sonrientes, junto a una silla tántrica.

¿Quién no lo ha usado?, nadie pregunta pero una de mis amigas ya ha escrito: “A estas alturas sería raro que no lo hayamos probado”. 

O, en su defecto, intentado probar. Porque, ojo, así como el pole dance tiene sus artilugios ya me imaginé intentándolo y quedándome calata y sin poder moverme hasta que el doctor Gregory llega a hacerme la quiropraxis; el arte del tantra también posee técnicas más o menos complejas gracias Google.

Y sin bien la mayoría no lo habrá “probado”, sí nos habremos topado con ese mueblecito del placer, al menos una vez, sin la necesidad de alquilar una habitación exclusivamente en el Wimbledon mamá, te juro que nunca he ido para encontrarlo. Eso y que, su venta al público, se ha popularizado tanto que hay quienes lo tienen en sus dormitorios como un mueble más.

Pero eso sí, que quede claro que es más probable encontrar una colección de Gokú en el departamento de un chico, que ese curvilíneo sillón. Dicho esto, con permiso; voy doblar mis medias de Hello Kitty.

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