Una nueva oportunidad

Compré una máquina de ejercicios porque se pintaba como una gran inversión en mi vida, pero tal como suele decir en mi horóscopo tras infructuosos esfuerzos finalmente no hicimos match y me quedé lamentado no haber gastado ese dinero en algo más provechoso o sea en comida y alcohol.

Quizás el spinning no era para mí y debí comprar una trotadora, debe ser eso porque, de otra manera, no me explico cómo es que no obtuve ni la quinta parte del físico de Simone Biles después de que casi interdiariamente le entregué mi valioso tiempo una hora con descanso de 45 minutos, mi caliente sudor que recuperaba a punta de Coca Cola  y mis fuertes esperanzas a esos fierros adquiridos en 12 cuotas.

Siendo más sincera y realista, aunque mi expectativa nunca fue llegar a ser una 90-60-90, eso sería muy iluso principalmente porque a nadie le crecen las tetas solo haciendo ejercicios, I KNOW, al menos esperaba tonificar media piernita, pero como ni eso logré, solo me quedó ser la persona menos training del planeta y sustituir mis 55 soñadores kilos, sobre la bicicleta, con montones de ropa que ya no encontraban espacio en ningún cajón.

Y entonces empecé a sentirme estafada por mí misma, pero también por el promotor de Ripley que me habló de rutinas fáciles y resultados rápidos: no le había podido cumplir ni al gimnasio de una sola máquina que había levantado al pie de mi cama. Total fail.

Lo peor de todo: la culpa me pesaba pero no me hacía adelgazar no me motivaba a ponerme las zapatillas y transpirar hasta convertirme en esa anhelada persona fit, así como tampoco me impidió desarmar el artefactito y olvidar sus piezas por lo rincones de mi casa.

Pero como más vale tarde que nunca, seis años después, he vuelto a ensamblar sus partes con la renovada ilusión de hacer girar esa rueda cada mañana antes del pan con chicharrón mientras ignoro a Federico Salazar y me informo con Twitter.

Y aunque ya me imagino comprándome ropa en las tiendas de Gamarra donde solo venden talla estándar; en el fondo, me conformaría con alcanzar ejercitarme lo suficiente como para poder hacer un trekking decente a Marcahuasi sin tener que sentarme cada treinta pasos y sin usar salbutamol.

Toalla, agua, play al setlist de Maluma y a pedalear. Con permiso, que tengo al frente la bicicleta estacionaria y me voy le voy a dar una nueva oportunidad.

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